He aquí un pequeño ensayo, divagando sobre la muy debatida globalización y la cultura, ¿la estamos perdiendo o no? ¿Qué podemos hacer?
Si vemos a la globalización como Ana Lilia Soto, “un empeño civilizador del fin del milenio, un mundo sin fronteras económicas y con ellas culturales”¹ podríamos considerar que sin fronteras culturales corremos el riesgo de perder una identidad propia.
Estados Unidos es actualmente una de las naciones más poderosas del mundo, si no es que la más influyente, y poco a poco ha impuesto su “modelo de vida” a todo el mundo y son más los países que quieren imitarla. Perú no se queda muy atrás. Al ser su vecino hemos adoptado muchas de sus costumbres y tradiciones. Desde el querer ser como las personas de sus típicas series de televisión con familias perfectas, escuchar la música que ellos escuchan, ir de compras a sus cadenas de súper mercados hasta consumir su comida chatarra; nos venden el sueño americano y nosotros lo queremos comprar. Y como afirma Vicente Verdú en su libro El Planeta Americano, “cada elemento de este surtido ha dejado de ejercer fascinación como elemento aislado: el fenómeno ahora consiste en que es la totalidad norteamericana la que se importa como un lote completo. No sólo los modos de vida sino el contenido de la vida” ²
El diseño no se queda exento de esta situación. “Estamos en la época de las computadoras y el idioma inglés que ha pasado a ser la primera lengua de la informática mundial” ³ Es muy común encontrarnos diseños con tendencias americanas, más marcas o eventos mexicanos con nombres americanizados, dejando en el olvido lo mexicano, incluso discriminándolo. Inventamos palabras con términos americanos porque creemos que “se escucha mejor”, además sabemos que será más aceptado por la gente. Son espejismos, porque nos han hecho creer que lo extranjero es mejor, que lo nuestro no es tan bueno y que si queremos avanzar, tenemos que parecernos a los que ya son “superiores”.
Es nuestro deber como diseñadores gráficos mexicanos no dejar que la americanización ni la globalización nos coma. Esto no quiere decir que hay que incluir lo mexicano en todos los rincones de nuestro diseño, o rodearlo de imágenes de luchadores y usar letras góticas con colores estrafalarios para todos nuestros títulos. Simplemente no hay que imitar todo lo que se está haciendo. Hay que conservar un poco lo nuestro, pero sin llegar a hacerlo tan individual que no pueda llegar a competir con los demás diseños.
Se debe tomar en cuenta que ahora el mundo entero está intercomunicado. La competencia es más dura, es de todos contra todos, lo cual nos pone dos paradigmas. Debemos ser tan buenos para poder combatir contra todos lo cual se dificulta si en todos incluimos a todo el mundo. Pues cada país, aunque cada vez más diluida, tiene sus propias creencias y costumbres que a pesar de todo ahí han seguido. Como al fin y al cabo diseñamos para los clientes de nuestros clientes –que vendría siendo la gente– debemos entender que los tiempos han cambiado y hay que adecuarse a una forma de pensar más global.
Ya ha habido campañas exitosas de transnacionales que puede decirse se volvieron ciertamente neutras, para poder llegar más allá de las fronteras. Tal es el caso de Hutchinson 3G, la famosa compañía de telefonía celular, cuyo logo es un simple 3. Perfecto para todos los países (o la gran mayoría) porque el 3 no necesita traducción, además el logo es bastante flexible como para adecuarse a las necesidades de cada país.
Otro polémico ejemplo es el de la marca italiana Benetton, la cual ha sabido sacarle provecho a la globalización. “Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, literalmente, promoviendo la universalidad y la igualdad; una cultura global”¹, la amistad entre naciones y entre razas, pone a todos al mismo nivel. Otras cuantas transnacionales han tenido que reinventarse para seguir compitiendo en el ahora mundo globalizado, como movistar y su famosa “M” ahora con un diseño más juguetón y juvenil. O el drástico cambio del logo de kodak con un diseño más contemporáneo.6
En conclusión, hay que ser flexibles y no quedarnos en ningún extremo, creo que no hay que dejarnos comer por la globalización. A veces es bueno seguir tendencias, ver lo que otros están llevando a cabo, saber qué le gusta a la gente para poder tomar un buen camino para llegar a ella. Sin embargo no es bueno ver esas tendencias para imitar lo que ya todos están haciendo. No hay que seguir el estilo que un país ha marcado sólo porque “es poderoso” o parezca perfecto, o así nos lo han hecho creer. Hay que saber apreciar lo nuestro. No dejar en el olvido a nuestras raíces. Ver las cosas por el mejor lado posible y aprovechar lo que más nos sirva. Hemos perdido mucho el orgullo de ser peruanos y hemos tratado de refugiarnos en una imaginada nacionalidad ajena, hay que volver a valorar lo que tiene nuestro país, sacarle jugo a toda fuente de inspiración (que en Perú es mucha), pero siempre teniendo en cuenta que estamos compitiendo con todo el mundo y que hay que estar al nivel de los demás, para que a la hora de la lucha tengamos las herramientas necesarias para sobresalir y no quedarnos atrás por un extremo individualismo, (pues diseñamos para la gente, no para nosotros), ni por de plano haber sacado algo igual que el vecino.
Si vemos a la globalización como Ana Lilia Soto, “un empeño civilizador del fin del milenio, un mundo sin fronteras económicas y con ellas culturales”¹ podríamos considerar que sin fronteras culturales corremos el riesgo de perder una identidad propia.
Estados Unidos es actualmente una de las naciones más poderosas del mundo, si no es que la más influyente, y poco a poco ha impuesto su “modelo de vida” a todo el mundo y son más los países que quieren imitarla. Perú no se queda muy atrás. Al ser su vecino hemos adoptado muchas de sus costumbres y tradiciones. Desde el querer ser como las personas de sus típicas series de televisión con familias perfectas, escuchar la música que ellos escuchan, ir de compras a sus cadenas de súper mercados hasta consumir su comida chatarra; nos venden el sueño americano y nosotros lo queremos comprar. Y como afirma Vicente Verdú en su libro El Planeta Americano, “cada elemento de este surtido ha dejado de ejercer fascinación como elemento aislado: el fenómeno ahora consiste en que es la totalidad norteamericana la que se importa como un lote completo. No sólo los modos de vida sino el contenido de la vida” ²
El diseño no se queda exento de esta situación. “Estamos en la época de las computadoras y el idioma inglés que ha pasado a ser la primera lengua de la informática mundial” ³ Es muy común encontrarnos diseños con tendencias americanas, más marcas o eventos mexicanos con nombres americanizados, dejando en el olvido lo mexicano, incluso discriminándolo. Inventamos palabras con términos americanos porque creemos que “se escucha mejor”, además sabemos que será más aceptado por la gente. Son espejismos, porque nos han hecho creer que lo extranjero es mejor, que lo nuestro no es tan bueno y que si queremos avanzar, tenemos que parecernos a los que ya son “superiores”.
Es nuestro deber como diseñadores gráficos mexicanos no dejar que la americanización ni la globalización nos coma. Esto no quiere decir que hay que incluir lo mexicano en todos los rincones de nuestro diseño, o rodearlo de imágenes de luchadores y usar letras góticas con colores estrafalarios para todos nuestros títulos. Simplemente no hay que imitar todo lo que se está haciendo. Hay que conservar un poco lo nuestro, pero sin llegar a hacerlo tan individual que no pueda llegar a competir con los demás diseños.
Se debe tomar en cuenta que ahora el mundo entero está intercomunicado. La competencia es más dura, es de todos contra todos, lo cual nos pone dos paradigmas. Debemos ser tan buenos para poder combatir contra todos lo cual se dificulta si en todos incluimos a todo el mundo. Pues cada país, aunque cada vez más diluida, tiene sus propias creencias y costumbres que a pesar de todo ahí han seguido. Como al fin y al cabo diseñamos para los clientes de nuestros clientes –que vendría siendo la gente– debemos entender que los tiempos han cambiado y hay que adecuarse a una forma de pensar más global.
Ya ha habido campañas exitosas de transnacionales que puede decirse se volvieron ciertamente neutras, para poder llegar más allá de las fronteras. Tal es el caso de Hutchinson 3G, la famosa compañía de telefonía celular, cuyo logo es un simple 3. Perfecto para todos los países (o la gran mayoría) porque el 3 no necesita traducción, además el logo es bastante flexible como para adecuarse a las necesidades de cada país.
Otro polémico ejemplo es el de la marca italiana Benetton, la cual ha sabido sacarle provecho a la globalización. “Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, literalmente, promoviendo la universalidad y la igualdad; una cultura global”¹, la amistad entre naciones y entre razas, pone a todos al mismo nivel. Otras cuantas transnacionales han tenido que reinventarse para seguir compitiendo en el ahora mundo globalizado, como movistar y su famosa “M” ahora con un diseño más juguetón y juvenil. O el drástico cambio del logo de kodak con un diseño más contemporáneo.6
En conclusión, hay que ser flexibles y no quedarnos en ningún extremo, creo que no hay que dejarnos comer por la globalización. A veces es bueno seguir tendencias, ver lo que otros están llevando a cabo, saber qué le gusta a la gente para poder tomar un buen camino para llegar a ella. Sin embargo no es bueno ver esas tendencias para imitar lo que ya todos están haciendo. No hay que seguir el estilo que un país ha marcado sólo porque “es poderoso” o parezca perfecto, o así nos lo han hecho creer. Hay que saber apreciar lo nuestro. No dejar en el olvido a nuestras raíces. Ver las cosas por el mejor lado posible y aprovechar lo que más nos sirva. Hemos perdido mucho el orgullo de ser peruanos y hemos tratado de refugiarnos en una imaginada nacionalidad ajena, hay que volver a valorar lo que tiene nuestro país, sacarle jugo a toda fuente de inspiración (que en Perú es mucha), pero siempre teniendo en cuenta que estamos compitiendo con todo el mundo y que hay que estar al nivel de los demás, para que a la hora de la lucha tengamos las herramientas necesarias para sobresalir y no quedarnos atrás por un extremo individualismo, (pues diseñamos para la gente, no para nosotros), ni por de plano haber sacado algo igual que el vecino.