sábado, 25 de octubre de 2008

Nos Globalizamos...¿y la cultura'?

He aquí un pequeño ensayo, divagando sobre la muy debatida globalización y la cultura, ¿la estamos perdiendo o no? ¿Qué podemos hacer?


Si vemos a la globalización como Ana Lilia Soto, “un empeño civilizador del fin del milenio, un mundo sin fronteras económicas y con ellas culturales”¹ podríamos considerar que sin fronteras culturales corremos el riesgo de perder una identidad propia.
Estados Unidos es actualmente una de las naciones más poderosas del mundo, si no es que la más influyente, y poco a poco ha impuesto su “modelo de vida” a todo el mundo y son más los países que quieren imitarla. Perú no se queda muy atrás. Al ser su vecino hemos adoptado muchas de sus costumbres y tradiciones. Desde el querer ser como las personas de sus típicas series de televisión con familias perfectas, escuchar la música que ellos escuchan, ir de compras a sus cadenas de súper mercados hasta consumir su comida chatarra; nos venden el sueño americano y nosotros lo queremos comprar. Y como afirma Vicente Verdú en su libro El Planeta Americano, “cada elemento de este surtido ha dejado de ejercer fascinación como elemento aislado: el fenómeno ahora consiste en que es la totalidad norteamericana la que se importa como un lote completo. No sólo los modos de vida sino el contenido de la vida” ²

El diseño no se queda exento de esta situación. “Estamos en la época de las computadoras y el idioma inglés que ha pasado a ser la primera lengua de la informática mundial” ³ Es muy común encontrarnos diseños con tendencias americanas, más marcas o eventos mexicanos con nombres americanizados, dejando en el olvido lo mexicano, incluso discriminándolo. Inventamos palabras con términos americanos porque creemos que “se escucha mejor”, además sabemos que será más aceptado por la gente. Son espejismos, porque nos han hecho creer que lo extranjero es mejor, que lo nuestro no es tan bueno y que si queremos avanzar, tenemos que parecernos a los que ya son “superiores”.

Es nuestro deber como diseñadores gráficos mexicanos no dejar que la americanización ni la globalización nos coma. Esto no quiere decir que hay que incluir lo mexicano en todos los rincones de nuestro diseño, o rodearlo de imágenes de luchadores y usar letras góticas con colores estrafalarios para todos nuestros títulos. Simplemente no hay que imitar todo lo que se está haciendo. Hay que conservar un poco lo nuestro, pero sin llegar a hacerlo tan individual que no pueda llegar a competir con los demás diseños.

Se debe tomar en cuenta que ahora el mundo entero está intercomunicado. La competencia es más dura, es de todos contra todos, lo cual nos pone dos paradigmas. Debemos ser tan buenos para poder combatir contra todos lo cual se dificulta si en todos incluimos a todo el mundo. Pues cada país, aunque cada vez más diluida, tiene sus propias creencias y costumbres que a pesar de todo ahí han seguido. Como al fin y al cabo diseñamos para los clientes de nuestros clientes –que vendría siendo la gente– debemos entender que los tiempos han cambiado y hay que adecuarse a una forma de pensar más global.

Ya ha habido campañas exitosas de transnacionales que puede decirse se volvieron ciertamente neutras, para poder llegar más allá de las fronteras. Tal es el caso de Hutchinson 3G, la famosa compañía de telefonía celular, cuyo logo es un simple 3. Perfecto para todos los países (o la gran mayoría) porque el 3 no necesita traducción, además el logo es bastante flexible como para adecuarse a las necesidades de cada país.

Otro polémico ejemplo es el de la marca italiana Benetton, la cual ha sabido sacarle provecho a la globalización. “Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, literalmente, promoviendo la universalidad y la igualdad; una cultura global”¹, la amistad entre naciones y entre razas, pone a todos al mismo nivel. Otras cuantas transnacionales han tenido que reinventarse para seguir compitiendo en el ahora mundo globalizado, como movistar y su famosa “M” ahora con un diseño más juguetón y juvenil. O el drástico cambio del logo de kodak con un diseño más contemporáneo.6

En conclusión, hay que ser flexibles y no quedarnos en ningún extremo, creo que no hay que dejarnos comer por la globalización. A veces es bueno seguir tendencias, ver lo que otros están llevando a cabo, saber qué le gusta a la gente para poder tomar un buen camino para llegar a ella. Sin embargo no es bueno ver esas tendencias para imitar lo que ya todos están haciendo. No hay que seguir el estilo que un país ha marcado sólo porque “es poderoso” o parezca perfecto, o así nos lo han hecho creer. Hay que saber apreciar lo nuestro. No dejar en el olvido a nuestras raíces. Ver las cosas por el mejor lado posible y aprovechar lo que más nos sirva. Hemos perdido mucho el orgullo de ser peruanos y hemos tratado de refugiarnos en una imaginada nacionalidad ajena, hay que volver a valorar lo que tiene nuestro país, sacarle jugo a toda fuente de inspiración (que en Perú es mucha), pero siempre teniendo en cuenta que estamos compitiendo con todo el mundo y que hay que estar al nivel de los demás, para que a la hora de la lucha tengamos las herramientas necesarias para sobresalir y no quedarnos atrás por un extremo individualismo, (pues diseñamos para la gente, no para nosotros), ni por de plano haber sacado algo igual que el vecino.

sábado, 26 de abril de 2008

MIGRACIÓN Y CAMBIO SOCIAL

ENFOQUES PARA UNA ANTROPOLOGÍA DE LA MIGRACIÓN

Enfoques para una antropología de la migración (Resumen)
Este trabajo, necesariamente esquemático, define la migración contemporánea hacia los países de la Unión Europea como resultado de diferentes condiciones coincidentes en la motivación migratoria. Aquéllas serían, en su más notoria particularidad, a) la economía de mercado, b) la movilidad de los mercados financieros, c) la movilidad internacional de la fuerza de trabajo, d) la innovación tecnológica como forma dinámica de movilidad laboral, e) la sustitución constante de los trabajadores a cambio de subsidios de desempleo, f) las jubilaciones anticipadas, g) la ingenuidad profesional permanente de la fuerza de trabajo joven, h) el vacío estructural constante del empleo a causa de la flexibilidad temporal de los contratos, i) la disponibilidad permanente de una oferta de trabajo barata fuera de los países occidentales europeos, j) la atracción que ejercen los consumos materiales y sociales de la Unión Europea sobre sus periferias económicas, y k) el ideal de progreso y deseo de libertad personal que ofrecen los países democráticos a las personas que viven en regímenes autoritarios. Este conjunto de condiciones se refleja en el discurso, personal y colectivo, de los migrantes y de sus orígenes.


Palabras clave: estrategias de la migración/ mercado de trabajo/ movilidad laboral

El referente contemporáneo
Entendida en nuestro presente, la dinámica migratoria es, en la decisión de sus individuos, muy simple: se reduce a ser la expresión de un deseo de vivir mejor conforme a cánones representativos de una satisfacción de necesidades, primero materiales, y sucesivamente sociales, estéticas y espirituales, generalmente definidas en su praxis por el Occidente. Los que emigran al Occidente desde los llamados países del subdesarrollo quieren ser, paradójicamente, occidentales en la forma económica y mantenerse al mismo tiempo en la identidad de otros ideales espirituales. Las contradicciones suelen ser obvias en este punto, pues tanto como la forma económica, la economía de mercado, es de sello occidental, también el formato cultural que sigue a dicha forma económica, es occidental. Los conflictos de interpretación del sistema ideacional que se intentan desde la parte migratoria, por una parte, y desde la parte anfitriona, por otra, son de magnitud dialéctica. O sea: mientras la migración entiende que debe ser respetada y protegida su identidad de origen, la sociedad de acogida actúa dentro de la perspectiva de que la identidad anfitriona es, por si misma, el valor definitivo de toda condición adaptativa. Lo que ofrece, trabajo, no es negociable en términos de identidad; más bien lo es en términos económicos, esto es, como un valor de mercado.
Si atendemos a las consecuencias de este planteamiento, y si la migración es un valor de mercado, entonces, la economía de mercado es el principal supuesto de la negociación entre las partes. Según esta condición, el código por el que se regula el componente ideológico de la economía de mercado, es liberal dentro del supuesto de que la circulación financiera y la inversión de capitales debe estar abierta a la empresa privada, y del mismo modo que ésta necesita tener libertad de maniobra para disponer la forma productiva que le resulta más conveniente, también asume que la libre circulación de mercancías supone la libre circulación del trabajo. Los valores predominantes son el beneficio máximo posible y la libre competición en el objetivo de conseguir el dominio del mercado. Éste es, por lo tanto, el valor de negociación que se adjunta a la idea de exportar y recibir contingentes de migración humana.
En el entretanto, es difícil conciliar la identidad individual, étnica y nacional, con la idea de que ambas últimas son valores políticos identificables con los valores pragmáticos de la economía de mercado. Si para esta última la internacionalidad del negocio y de la mercancía es el supuesto dominante, lo nacional y lo étnico se pueden considerar interposiciones que estorban toda idea de circulación sin fronteras de lo que es propiamente asunto económico de disposición multinacional. De hecho, por lo tanto, si la migración va con la economía de mercado, y si es parte del sistema de negociación de esta última, la presentación de la identidad étnica o nacional en el contexto de las relaciones estrictamente económicas, se convierte en un supuesto objetivamente anacrónico. Sin embargo, la presencia activa del supuesto es indudable, y en el proceso de la vida social de la economía adquiere un valor de negociación de la identidad a veces necesario, pero siempre en contradicción con la virtualidad circulatoria de la idea que acompaña a las representaciones dinámicas que atribuimos a la economía de mercado.
En esta ocasión, mientras hemos aludido a supuestos que nos parecen contradictorios, pero contenidos en los procesos sociales de la economía de mercado, al mismo tiempo, nos permitimos plantear otras cuestiones aparentemente más familiares en la cuenta cotidiana de los antropólogos. Entrados en una primera perspectiva, puede entenderse que, fuera de la utopía, los ideales migratorios son sencillos en su expresión, la del deseo de realizarse mejor la vida de los individuos, aunque para ello sea necesario hacerlo fuera de su medio actual. Por lo mismo, cabe significar que si los consumos materiales y sociales que acompañan a las formas de vivir del Occidente estuvieran presentes en grado semejante en los países emisores actuales de migración, las cantidades migratorias disminuirían ostensiblemente. Se limitarían a ser la expresión de necesidades ideológicas que van más allá de la satisfacción de los consumos estrictos mencionados. Sin embargo, cuando, como en el caso presente, millones de individuos se identifican con el código ideacional del Occidente, sin que en sus propios países éste se convierta en una realidad convencional semejante a la que demuestran tener los ciudadanos occidentales, entonces, podemos prever que, por identificación con éstos, se producirán migraciones desde los puntos del sistema que no satisfacen dichas necesidades.
No podemos pensar, por lo tanto, que todas las diferencias culturales que representan los diversos grupos étnicos llegados como inmigrados, reaccionarán del mismo modo ante la misma infraestructura cultural o que es propiamente la de los nativos. Pero sí podemos entender que, aún siendo diferentes los grupos étnicos inmigrados entre si, las condiciones de entrada son las mismas para los componentes de esta diversidad social. Lo que no es igual es la percepción que hacen de los inmigrados los grupos anfitriones, y tampoco es igual la percepción que tienen los primeros respecto de los segundos. Así, aunque los prismas, emblemas, juicios y enfoques de la cuestión migratoria varían de percepción entre ambas partes, las formaciones simbólicas del mundo anfitrión suelen parecerse cuando se piensan en términos objetivos, o desde los códigos de ideación del progreso material pensado como referente decisivo de la vida social. El personales. itinerario adaptativo de los inmigrados es también diverso, pues mientras son muchas las resistencias etnoculturales que demuestran tener entre si ambas partes, la anfitriona y los componentes de la diversidad, al mismo tiempo, son también diversas las actuaciones y sensibilidades de cada parte ante las experiencias que realiza con la otra u otras. En todo caso, si ambas formaciones, la anfitriona y la inmigrada, son diversas en sus posiciones sociales y origen, los modos de percibirse serán también diversos.
Por estas razones, la ignorancia de aquel discurso etnográfico que se prolonga parcialmente a otros lugares cuando los individuos o grupos de una determinada identidad étnica se desplazan a residir en ellos, incluso temporalmente, como en el caso de las migraciones golondrinas, convierte en analógico lo que podría ser contextual. Asimismo, y en otro sentido, podemos pensar la migración en términos de personas que abandonan sus hogares distantes, que se arriesgan a perder su norte cultural y que lo hacen en la ciénaga ética del discurso etnocéntrico, en el de aquel que les niega solidaridad afectiva y que, sin embargo, se disponen a soportar con entereza y con los medios cognitivos y capacidades adaptativas que forman parte de sus recursos naturales de energía y culturales de aproximación a los otros, en especial a los que representan ser particularidades anfitrionas.
En ocasiones, uno puede entender la prevalencia de un enfoque psicoemocional, de carácter individual, unas veces, y de representación colectiva, otras. Esto es: también puede ser un enfoque previsible, empíricamente legítimo, en especial cuando a la distancia geográfica que nos separa de los orígenes locales añadimos lo que pueden ser distancias culturales temporales profundas, las que nos recuerdan episodios de otras historias. A este respecto, he pensado a menudo en las peripecias migratorias, no sólo desde el punto de vista de los individuos que pasan de un punto a otro de las pruebas profundas de los viajes del desarraigo, sino que también he recordado con los inmigrados de hoy a lo que fuera el gran viajero Ulises de ayer, o el Edipo que llegó a ser tal precisamente porque huía de la seducción del pecado, y que lo cometió cuando por ser un migrante, acometía a su propio padre. En la desgracia el viaje migratorio es también recuerdo de desventuras

Cibercultura, ¿realidad o invención?

Resumen:
El motivo de mi artículo es analizar el concepto de Cibercultura y si en realidad este concepto se ajusta a lo que podemos clasificar como Cultura. Nos movemos dentro del ámbito de lo que denominamos Ciberespacio, "espacio metafórico, espacio de comunicación, abierto por la interconexión mundial de los ordenadores"[1]. Según el mismo Levy, "Cibercultura es el conjunto de técnicas, de maneras de hacer, de maneras de ser, de valores, de representaciones que están relacionadas con la extensión del Ciberespacio..."[2]
¿Que podemos entender como Cultura? "Cultura es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad"[3]. La Cultura tiene una serie de características que la hacen diferente de otros procesos que podemos clasificar como de aprendizaje. Básicamente la Cultura es aprendizaje. C. Kottak lo distingue[4] del aprendizaje individual situacional que es cuando este se basa en la misma experiencia, es propio de los animales, y del aprendizaje social situacional en el que se aprende de otros miembros del grupo social, no necesariamente a través del lenguaje. Compararé la que podríamos denominar Cultura tradicional con la nueva Cultura del Ciberespacio o Cibercultura, intentando con ello comprobar si es correcto o no equipararlas entre ellas.

Conclusiones

Antes de entrar en el apartado de las conclusiones, distinguiré dentro del Ciberespacio, a dos tipologías de personas claramente diferenciadas. Las primeras utilizan el Ciberespacio meramente como un espacio de comunicación a la vez que como una herramienta para esta comunicación. Este grupo de personas, me atrevería a decir que son la mayoría, no comulgan con ningún tipo de distinción o separación respecto a su ámbito cultural concreto en el momento en que navegan por el Ciberespacio. Existe una convivencia entre sus hábitos culturales y los que imponen de alguna manera Internet. La otra tipología sería la de los que su estilo de vida viene marcado por Internet. A estas personas, que se las puede clasificar claramente como grupo. Tienen como principales precursores a determinados medios de comunicación, tanto dentro como fuera del Ciberespacio, que los aglutinan y cohesionan. El ejemplo más claro de ello lo tenemos en la revista Wired[16], revista editada en San Francisco. Son sus principales ideólogos el ya fallecido profesor Marshall McLuhan y el "gurú" del Ciberespacio Nicholas Negroponte, a la vez que habitual colaborador. Esta revista encarna y dirige el proceso de creación y generación de una cibercultura.
Centrándonos pues en este segundo grupo de personas podemos decir que dentro del Ciberespacio existen suficientes características como para poder afirmar que estamos delante de un proceso de creación de una nueva cultura. Sin embargo, esto no llega a cumplirse, si entendemos como nueva cultura una de características únicas y claramente diferenciadas de cualquier otra ya existente, ya que al analizar los valores centrales de esta supuesta nueva cultura, nos encontramos que es la réplica de la anteriormente mencionada Ideología Californiana. Esta ideología nacida en los Estados Unidos de América, reproduce muchas de las propias características de la cultura norteamericana. Exagerando y incidiendo mucho más en algunos puntos clave y característicos de esta.
Estamos seguramente en un momento clave para reorientar este proceso y hacer que todas las culturas, como tales, tenga su presencia en el Ciberespacio, sin tener que renunciar a valores básicos de ella. Ninguna cultura puede imponer criterios o restricciones a otra por minoritaria que esta sea. El Ciberespacio tiene que ser un espacio abierto a todas y cada una de las culturas del mundo, aprovechando así toda la energía que ellas transmiten. Hemos de rechazar el concepto de cibercultura si detrás de el se escudan criterios y postulados unidireccionales y excluyentes. Quizá a partir de ahora tendríamos que empezar a hablar de Ciberculturas en plural. Estaremos, entonces, delante de un verdadero espacio abierto a todo el MUNDO.

viernes, 22 de febrero de 2008

Es el quechua y otras lenguas nativas, idiomas?

Hace unos días observé una propaganda de una compañía de telefonía celular. En la misma se hace alusión a que los peruanos se vienen comunicando y que se permite el acercamiento entre los distintos grupos culturales, que conforman nuestro país. Todo esto me parece perfecto, pero habría que hacer algunas precisiones asociadas a los términos que se usan. Se habla de que en el Perú se “hablan cerca de 150 idiomas y dialectos” y también aparecen una leyenda en la parte inferior de la pantalla donde se dice “IDIOMA: Quechua” o se habla del “ idioma bora”, entre otros. Al respecto, habría que aclarar que la noción de idioma se usa solo para denotar a las lenguas extranjeras y no para referirnos a las lenguas que se hablan dentro de un país y que son consideradas como propias. En otras palabras, para nosotros son idiomas el francés, el inglés o el alemán. De esta manera nuestras lenguas son el español, el quechua, el aymará y las decenas de lenguas que se hablan en nuestra amazonía. En este sentido, también estaría de más hablar de dialecto en tal propaganda. Según puedo inferir se usa en este comercial la noción de dialecto para referirse a lenguas de menor jerarquía o lenguas incipientes. Esto sería un grave error pues dialecto no hace alusión a un tipo de lengua, sino más bien, a la diversificación de una lengua en los espacios territoriales. De esta manera hablamos en el Perú - al menos- una decena de dialectos del español o en Estados Unidos se hablan muchos dialectos del inglés o en el mismo quechua tenemos una gran cantidad de dialectos tanto dentro como fuera del país.
En síntesis, podríamos afirmar que el quechua y el bora en el Perú no son idiomas sino lenguas. También, recalcar que el uso de dialecto hace referencia a la diversificación lingüística y no a un tipo especial de lengua. Y por último, que las lenguas que se hablan en el Perú son menos de 100 y no 150 como se dice. Ojalá que la mencionada compañía haga las rectificaciones en el mencionado comercial, que si bien exhibe una excelente calidad y es muy sugestivo, tiene un conjunto de imprecisiones terminológicas. Como se mencionó al inicio, este comercial viene haciendo impacto favorablemente en nuestra visión del Perú, mostrando a grupos humanos que muchas veces no han sido considerados o tomados en cuenta. Solo faltaría entonces la precisión terminológica a fin de que su impacto sea total, y por ende, promotor de una saludable armonía entre las diferentes lenguas que configuran nuestro patrimonio cultural y que merecen nuestro respeto.